Catálogo megalítico
En los comics de Astérix, su compañero Obélix porta un menhir a la espalda y se le presenta como tallador de estos esbeltos monolitos. Es un guiño a la región donde se asienta la aldea gala: Bretaña. Entonces ya no se tallaban estos monumentos, pero es una manera de recordarnos que esta región del noroeste francés alberga una de las mayores colecciones de monolitos neolíticos del planeta. En Morbihan se conservan unos 12.000 menhires. Son la forma más simple del megalitismo, pues se trata simplemente de piedras erigidas de gran tamaño, en algunos casos con símbolos tallados. Su función es una cuestión a debate, pero las pistas apuntan a monumentos funerarios, demarcaciones de territorios o señales de antiguos rituales. Esto último cobra más sentido cuando los menhires no aparecen de forma aislada, sino que se agrupan bajo distintos diseños como alineamientos. Los más famosos son los de Carnac, sitio arqueológico de referencia del megalitismo bretón de Morbihan, que tiene otros fantásticos ejemplos.
Si Astérix se enmarca en las guerras galas, para hablar del megalitismo de Bretaña nos tenemos que ir mucho más atrás, desde el quinto milenio a.C. hasta aproximadamente el 2300 a.C. Se sabe que los primeros pueblos neolíticos llegaron unos siglos antes al Morbihan, región de fértiles suelos y costas ricas que resultaban ideales para su agricultura de subsistencia y ganadería. Vivían repartidos en pequeñas aldeas construidas con madera y barro, pero en comunicación con las vecinas. Para ello eran fundamentales sitios megalíticos como Carnac, cuya función continúa siendo una incógnita por resolver, así como por qué elegían concretamente un espacio para ello y cómo se conectaban simbólicamente los diferentes lugares. Sí sabemos que las piedras eran reutilizadas y recolocadas, lo que de hecho complica la interpretación. También que tales movimientos de grandes piedras, como en otros lugares similares, respondían a sociedades complejas y organizadas. La llegada de la Edad de Bronce supuso el final de esta etapa megalítica.
Los megalitos pasaron bastante inadvertidos hasta la Edad Media, cuando empezaron a generarse mitos y leyendas a su alrededor. Cierta obsesión por los druidas permanece hasta el siglo XVIII, etapa en la que los alineamientos son representados por primera vez. En el siglo XIX, James Miln realiza la primera investigación sistemática y se entiende su origen prehistórico, hecho que se confirma con las dataciones posteriores que llevan su fecha más atrás de Stonehenge. Más allá de la evidencia arqueológica, las interpretaciones continúan sucediéndose, aunque el consenso intenta agrupar todo el paisaje como un todo. En este se incluyen el sitio arqueológico sumergido de Kerbourgnec, producto del cambio del nivel del mar desde su formación. Es relevante no solo por los alineamientos sumergidos, sino por restos de hachas jadeítas que muestran las redes comerciales. Por toda la costa hay restos de dólmenes, cistas y menhires que confirman la relación entre megalitismo y arte funerario.
En la zona costera en la que confluyen los ríos Auray, Vannes y Noyalo encontramos varios de los mejores ejemplos de las 158 rocas talladas del Morbihan. Aquí se encuentran monumentos tan relevantes como el cairn de Petit Mont y el conjunto de Locmariaquer, con varios de los grabados más antiguos y complejos de la zona. El más impresionante de todos es el cairn de Gavrinis en la isla homónima, un enorme dolmen formado por 27 ortostatos, muchos de ellos grabados con detalles muy finos como hachas, escudos y motivos geométricos. En Carnac no tenemos apenas grabados, pero aquí la cantidad es la que asombra. Son unos 3.000 menhires alineados en distintas hileras que superan el kilómetro de longitud. Su disposición no es aleatoria, sino que responde a un patrón planificado: suelen converger hacia un crómlech y en el camino van ganando o perdiendo tamaño gradualmente. Es esta escala la que convierte a Carnac en una obra de ingeniería colectiva sin igual.
Morbihan lleva atrayendo turismo desde hace mucho tiempo y es un sitio imprescindible de Bretaña que podemos explorar desde bases como Vannes, ciudad grande más cercana. Para Carnac hay que fijarse en el centro de visitantes Maison des Mégalithes, desde el que podemos realizar algún paseo por los alineamientos. Es el sitio más sencillo y al estar al aire libre siempre está accesible. Cerca está el sitio de Locmariaquer, también habitual punto de salida para Gavrinis en las excursiones combinadas. Este es el más complicado al estar en una isla, depender del cambiante clima y exigir una reserva previa por la sensibilidad y demanda del dolmen. Finalmente, Petit Mont está al otro extremo y es difícil de encajar en un mismo día, pero al menos no exige reserva previa. Los sitios comparten un pase único si queremos verlos todos. En este pase se incluye el Museo de la Prehistoria de Carnac, donde están los principales artefactos hallados en la zona.



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