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Misiones jesuíticas de la Santísima Trinidad de Paraná y Jesús de Tavarangué

Misiones jesuíticas de la Santísima Trinidad de Paraná y Jesús de Tavarangué

Itapúa (Paraguay)

Proyectos de alcance


En ciertas regiones de Sudamérica, los universales té y café tienen un duro competidor en el mate. Este nombre hace referencia tanto al recipiente que contiene la infusión como a la yerba con la que se realiza. Su nombre es Ilex paraguariensis y su hábitat natural se encuentra en las zonas tropicales de la cuencas de los ríos Paraguay, Paraná y Uruguay. Consumida por los indígenas guaraníes, los jesuitas la domesticaron tras tranquilizar a las autoridades sobre las bondades de su consumo. Al conseguir su monopolio le dieron nombre: té de los jesuitas. Se plantaba en las conocidas como misiones o reducciones jesuíticas, para las cuales la yerba mate fue principal fuente de ingresos. Permitió que surgieran decenas de comunidades autónomas y autosuficientes que sedentarizaron y convirtieron a los guaraníes con el permiso de la Corona Española. Estas misiones tomaron la forma de ciudades coloniales, como ocurrió con Santísima Trinidad de Paraná, la más relevante del lado paraguayo. Pese a estar activa solo unas décadas fue el proyecto más ambicioso de los jesuitas. 

Viviendas e iglesia en Santísima Trinidad de Paraná

El río Paraná sirve de frontera entre Paraguay y Brasil hasta llegar a la altura de Iguazú, cuando Argentina releva a Brasil. Un poco más al sur, en el margen derecho perteneciente a Paraguay, es donde se encuentran las dos misiones, al otro lado de las misiones argentinas. Las paraguayas son un poco posteriores, siendo Jesús de Tavarangué, de 1685, la más veterana. Se tuvo que mudar varias veces por el acoso de los bandeirantes portugueses, que hacían incursiones en las reducciones buscando suministro de esclavos. Esta fue una de las principales razones por la que los guaraníes se unieron a los jesuitas, que llegaron a esta zona fronteriza entre imperios en el siglo XVI. Con el tiempo se convirtieron en comunidades de hasta 3.000 habitantes, como en el caso de las paraguayas. Trinidad del Paraná es de 1706, una de las más tardías, pero su crecimiento fue fulgurante. Cuando los jesuitas fueron expulsados en 1767, la transición hacia un pueblo laico fue natural, mientras que Jesús de Tavarangué fue abandonada.

De las ocho misiones de Paraguay, Trinidad de Paraná fue las más relevante. Se distingue perfectamente el diseño fundamental de la reducción jesuita del siglo XVIII. Se articulaba en torno a la plaza mayor, de la cual partían radialmente calles de unos quince metros de ancho. Se dividía en dos partes: jesuita e indígena. Las viviendas de estos son uno de los mejores legados de Trinidad de Paraná, pues en otras reducciones no resistieron el paso del tiempo. Aunque humildes, conservan arcadas orientadas hacia la plaza. En esta sección está la torre principal, que hacía las funciones de campanario y atalaya. En el lado puramente jesuita destaca su imponente iglesia, diseñada por el arquitecto italiano Juan Bautista Prímoli, responsable de la catedral de Córdoba. Levantada en arenisca, sobreviven elementos como cripta, pila bautismal, púlpito cúpula y pórtico de la sacristía. Hay elementos decorativos especialmente interesantes como el friso de los ángeles, en el que se demuestra que la música jugó un papel tan relevante como en las misiones de Chiquitos

Iglesia de Jesús de Tavarangué

A solo diez kilómetros está Jesús de Tavarangué, la otra gran misión. Pese a ser anterior, su iglesia se quedó a medio hacer, pues en realidad solo se asentó en el punto actual siete años antes de la expulsión de los jesuitas. 3.000 indígenas quedaron desprotegidos frente a los bandeirantes y el sistema tradicional colonial de encomienda. El templo inacabado muestra la ambición  de las misiones en la expulsión, que no tuvo nada que ver con estas sino como la política española. Jesús de Tavarangué fue diseñada por Gerónimo Delfín como copia de la iglesia barroca romana de San Ignacio de Loyola, pero cambiando mármol por arenisca y dejando toques mozárabes como arcos trifolios. De haberse finalizado habría medido unos generosos 70×24 metros. Aunque no se levantó el techo, las paredes han resistido el paso del tiempo excepcionalmente. Sobreviven otros elementos como la casa de huérfanos y viudas, llamada Coty Guazú.

Las misiones jesuíticas de Paraguay son fácilmente accesibles desde el lado argentino atravesando el río en Encarnación o llegando desde el norte en Ciudad del Este. Se encuentra a treinta kilómetros de la primera y es fácil llegar en autobús, especialmente a Trinidad de Paraná, más visitada. Para enlazar con Jesús de Tavarangué podemos tomar un mototaxi o alquilar una bicicleta si queremos más aventura. Trinidad de Paraná nos llevará algo más de una hora, incluido el museo. Algunos días hay visitas nocturnas guiadas con espectáculo de luces y música típica de la era jesuita. La misma entrada nos valdrá para Jesús de Tavarangué, que nos llevará menos tiempo, y una tercera misión, Cosme y Damián.

Fotos: Maurice Chédel / Lars Curfs

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