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Monumentos paleocristianos de Rávena

Monumentos paleocristianos de Rávena

Emilia-Romaña (Italia)

Vida después de Roma


El año 476 marca en la historiografía el fin del Imperio Romano, aunque, como todo hecho histórico, estamos más ante un proceso que un punto de inflexión. Desde que el Imperio se partiera en dos entidades cada vez más alejadas, las cosas no fueron bien. El siglo V fue una caótica sucesión en la que los emperadores parecían dispuestos a empeorar a sus predecesores. Entre los más exitosos en acabar con el Imperio de Occidente estuvo Honorio, en cuyo reinado Roma fue saqueada por primera vez en 800 años. Roma no era entonces ni la capital, que se había desplazado a Milán y Honorio llevó a Rávena. Esta pequeña ciudad fue elegida por su teórica ventaja defensiva y cercanía al Adriático, enlace con el Imperio Romano Oriental. Rávena se convirtió así en la capital cuando Roma sucumbió en el 476. Continuó siendo capital de reinos e imperios hasta el siglo VIII. Además de guerras hubo tiempo para programas arquitectónicos y artísticos. El legado de aquella época no es menor, pues Rávena alberga la mejor muestra de arte paleocristiano de Italia.

Interior de San Vital en Rávena

Rávena es un antecedente de Venecia, pues en sus orígenes estuvo formada por una serie de islas cruzadas por canales hasta que se drenaron. Hoy ni siquiera tiene costa, aunque está unida al Adriático por el canal candiano. Roma no prestó mucha atención a este asentamiento, aunque aquí fue donde César apostó su ejército en espera de cruzar el Rubicón. Poco después se construyó Classe, el puerto marítimo que impulsó a Rávena hasta convertirla en capital en el 402, cuando contaba con unos 50.000 habitantes. El germano Odoacro fue el primer rey italiano tras el imperio, pero no supuso más que el comienzo de la inestabilidad. No tardaron los ostrogodos, apoyados por Bizancio, en asediar Rávena y conquistar Italia. Posteriormente, otro bizantino, Justiniano I, no vio con buenos ojos el arrianismo de los ostrogodos y los expulsó creando el Exarcado de Rávena. Los bizantinos fueron perdiendo territorios y en el siglo VIII Rávena era capital de un menguado Exarcado que fue finiquitado por los lombardos.

El cénit de Rávena se acabó entonces, en el año 751. Cambió de manos muchas veces, aunque estuvo habitualmente gobernada por el papado, para los cuales era un importante arzobispado. Fueron tiempos de batallas o saqueos consentidos, como el que protagonizó Carlomagno para llevarse columnas, mosaicos y estatuas a su catedral de Aquisgrán. Es meritorio que Rávena conserve tantos monumentos de los siglos V y VI. El estilo dominante es grecolatino y cristiano, pero las influencias de Bizancio eran inevitables. Es muy palpable en los numerosos mosaicos que adornan los templos, que también cuentan con sobresalientes mármoles y estucos. Las tres decoraciones se unen en la fantástica cúpula del baptisterio neoniano, construida en tiempos imperiales. Sus mosaicos muestran a Jesús bautizado por San Juan Bautista. De la misma época data el mausoleo de Gala Placidia, un pequeño edificio forrado de impresionantes mosaicos. Uno de ellos es señalado como ejemplo de transición del naturalismo antiguo al simbolismo espiritual medieval.

Mosaico en el mausoleo de Gala Placidia en Rávena

La influencia ostrogoda se deja notar en el baptisterio arriano, elemento menos modificado de la que fuera catedral arriana y hoy es iglesia de Santo Spirito. Es casi un reflejo del baptisterio neoniano. Mejor suerte corrió la iglesia de San Apolinar el nuevo, reconsagrada para eliminar el culto arriano. Varios mosaicos fueron renovados para adaptarlos a la ideología bizantina. Ambos monumentos habían sido encargados por Teodorico, cuyo mausoleo es destacable por su arquitectura alejada de Roma y Bizancio. En tiempos de Teodorico hubo antiarrianos como el arzobispo Pedro II, que se construyó una pequeña capilla en su palacio cargada de simbología contra la corriente bárbara. Los bizantinos dejaron su sello con la impresionante basílica octogonal de San Vital, que combina elementos occidentales y orientales, especialmente en sus mosaicos. Contemporánea es la basílica de San Apolinar en el antiguo puerto de Classe, un enorme y sencillo templo con un campanario cilíndrico.

Rávena está bien conectada por tren, carretera, el cercano aeropuerto de Bolonia y Porto Corsini, donde atracan cruceros. Siete de los monumentos paleocristianos están a pocos metros de la piazza del Popolo, centro neurálgico de Rávena. Varios están incluidos en la misma entrada conjunta y merece la pena entrar a todos por los mosaicos. Para ver la capilla arzobispal tendremos que entrar en el recomendable museo homónimo. Para ir a Classe necesitaremos un autobús, pues está a unos cinco kilómetros del centro. Todos los monumentos nos llevarán aproximadamente un día. Entre junio y julio se celebra uno de los principales festivales de música clásica de Italia y la basílica de Classe forma parte de las sedes. En Rávena, como en la región, son típicas las piadinas, similares a las tortillas mexicanas. Al sur de la ciudad está uno de los principales parques temáticos del país: Mirabilandia.

Fotos: Scott McDonough / Kirk K

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