Reutilización a ciegas
Es habitual que cuando un grupo se encuentra con una estructura anterior de la que desconoce su origen, la use de modo oportunista. En el peor de los casos como cantera para construcciones propias, cuando corremos el riesgo de perder el rastro de los anteriores pobladores, pero en otros muchos las reutilizan con un nuevo cometido. El espacio se resignifica e inicia una nueva etapa que puede suponer la supervivencia de las ruinas, a las que les viene peor el desuso. Cuando llegan los arqueólogos empiezan a encajar las piezas: utilizando dataciones científicas e historial oral se van identificando los distintos estratos que intentan dar una foto completa del lugar. Tenemos muchos ejemplos, pero los más complicados son aquellos donde ha habido menos arqueología, como por ejemplo en el centro de África. Allí encontramos las estructuras Diy-Gid-Biy, utilizadas por el pueblo Mafa, pero construidas en su mayor parte por un pueblo anterior del que sabemos lo justo.
Estamos en las montañas Mandara, en la frontera de Camerún con Nigeria. Se trata de un macizo granítico rodeado de llanuras que han estado habitadas desde hace al menos 2.500 años. No así las montañas, entre las que es más complicado encontrar restos de antiguas sociedades salvo por las estructuras Diy-Gid-Biy. Hasta 2001, estas no habían sido investigadas en profundidad y su conocimiento se limitaba a las historias contadas por los Mafa, que no se atribuían su construcción. Arqueólogos como Nicholas David llegaron aquí para su análisis, sobre todo para datarlas. La conclusión es que la mayor parte de las estructuras se levantaron a comienzos del siglo XV, aunque en el caso de dos núcleos la fecha se puede retrasar hasta el siglo XII. También con posterioridad, cuando el reino Mandara se instaló en la zona, las estructuras Diy-Gid-Biy siguieron enriqueciéndose. Este reino basado en la siderurgia y la cría de caballos adoptó el Islam en la región, pero las montañas siguieron siendo hogar de los Mafa.
El propio término Diy-Gid-Biy procede de los Mafa y nos da pistas sobre lo que para ellos representa: ruinas de las residencias de los jefes. Asigna a estos lugares un lugar preeminente en las montañas, aunque sin concretar su función ni origen. Explican que aquí eran enterrados señores del pasado, pero también que las estructuras cumplían funciones agrícolas o rituales. En este sentido se ha señalado que el inicio Diy-Gid-Biy pudo estar asociado a una etapa de sequía severa en las montañas Mandara que empujó a antiguos pobladores a levantar estructuras para que llegaran las lluvias. También se han sugerido funciones defensivas, algo a tener en cuenta por la coincidencia con la entrada de grupos del norte que traían el Islam y las conexiones con las rutas comerciales marítimas al sur. El caso es que esos antiguos pobladores las dejaron atrás en manos de los Mafa, que desde el siglo XV han sido sus herederos. Actualmente las siguen utilizando tanto con fines rituales como agrícolas, pero además han sumado otros usos como el residencial o el funerario, distinguiéndose distintos tipos de tumbas según rango. Los Mafa las han mantenido y conservado desde las siete aldeas que rodean Diy-Gid-Biy.
Las principales estructuras Diy-Gid-Biy son 16 núcleos de muy distinta extensión, aunque en general grandes, compuestos por elementos levantados sin mortero, en piedra seca, con materiales cercanos como granito y basalto. Semicirculares o circulares, podemos advertir escaleras, muretes, pasillos, plataformas y silos. Miden hasta tres metros de altura y de forma continuada pueden llegar a los 22 de longitud. Aunque en muchos casos son muros libres, también hay estructuras terraceadas y reforzadas, sobre todo en las zonas de acceso a los principales lugares. Podían tener funciones tanto agrícolas como defensivas. Entre los restos arqueológicos hallados podemos ver pistas de rituales relacionados con el agua y la fertilidad. Hay restos metálicos o de cerámica representando divinidades, pero también restos asociados al cocinado de alimentos probablemente con motivos rituales. Los principales sitios por extensión, antigüedad y complejidad son los numerados con el 1 y 2, separados entre sí apenas cien metros.
Las región de las montañas Mandara se extiende por una zona fronteriza de alta inestabilidad por la presencia de grupos yihadistas, por lo que el turismo está desaconsejado por cuestiones de seguridad. Aunque los trabajos arqueológicos empezaron hace unos años y hay mucho por hacer, la situación ni siquiera permite a grupos occidentales trabajar de forma continua aquí. Con todo es un lugar de alto potencial turístico aunque las infraestructuras son limitadas. Cualquier desarrollo partirá de Maroua, ciudad grandes al este de las montañas, e implicará el uso de vehículos 4×4 y la complicidad de indígenas Mafa. Estos tienen unas reglas asociadas a los lugares muy estrictas que implican que no se puede entrar a los lugares fuera de los rituales autorizados.
Fotos: Alice Biada / Jean-Marie Datouang



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