Recuperar el trópico
La deforestación es un proceso de disminución de superficie boscosa usualmente para funciones agrícolas. Aunque su escala haya aumentado en las últimas décadas, no hablamos de un fenómeno moderno y continentes enteros como Europa deforestaron mucha superficie en el pasado ante el crecimiento poblacional. En sitios tropicales también hay ejemplos premodernos de gran escala como Madagascar, pero la era colonial fue especialmente dañina. Las óptimas condiciones climáticas para determinados cultivos como la caña empujaban la desaparición de bosques, a lo que se sumaron deforestaciones para abrir canteras y minas. A finales del siglo XIX, distintas iniciativas tomaron conciencia de la situación en latitudes tropicales e intentaron revertir estos efectos. Uno de los más exitosos fue el Instituto de Investigación Forestal de Malasia en Selangor, cerca de la capital Kuala Lumpur. Imprescindible en el sudeste asiático, este Instituto es una evidencia empírica de la capacidad de recuperación de estos valiosos ecosistemas.
Además de ser el estado más poblado y desarrollado de Malasia, Selangor es muy particular. Rodea completamente las capitales administrativa y política del país: Putrajaya y Kuala Lumpur. Cuenta con numerosas vías de transporte que junto a las poblaciones seccionan un entorno natural marcado por el clima tropical que forma tupidos bosques. Por su localización, en Selangor abundó la actividad minera colonial. Una mina de estaño cerrada es el punto de partida del Instituto de Investigación Forestal que promovió el botánico inglés Frederick William Foxworthy, que llevaba desde 1918 como investigador en el Departamento Forestal de la península malaya. Como oficial, en 1925 impulsó la creación del Instituto como un experimento a gran escala para observar la viabilidad de recuperar un terreno tan dañado. La cercanía de agua disponible y la Reserva Natural contigua de Bukit Lagong fueron los otros dos motivos para iniciar el proyecto, que contó con la ayuda en su diseño de un terrateniente regional del caucho, cultivo imperante en Malasia.
No fue la primera experiencia de reforestación, pero hubo mucho ensayo, prueba-error y conocimiento tradicional. Lo primero fue recopilar semillas regionales, plantarlas en viveros creados por el Instituto con ayuda de guías de bambú y trasplantar las plántulas de más de 150 especies diferentes para probar su resistencia al erosionado suelo. En apenas seis años, Foxworthy se retiró, pero entonces ya se veían brotes verdes en muchos árboles que llegaban a alcanzar los seis metros de altura. Fue solo el comienzo: en unos años se alcanzaron las 2.300 especies diferentes de plantas vasculares entre árboles, helechos, arbustos, etc. El Parque forestal de Selangor había cubierto la extensión minada y la conexión con las reservas contiguas provocó otra consecuencia positiva: el regreso de la fauna. Hay registro de más de 200 aves, 62 mamíferos, 82 reptiles y anfibios y peces en sus ríos, estanques y lagos como Lagong. Con el tiempo se crearon zonas específicas como el arboreto, jardín botánico y áreas experimentales.
Otro aspecto relevante del Parque forestal de Selangor es su arquitectura. Bajo un diseño de avenidas arboladas, carreteras y caminos encontramos edificios que mezclan art decó con toques de arquitectura tradicional malaya. Construido en 1929, el edificio de la administración es uno de los más relevantes. Ha conservado su estilo art decó, aunque en su interior y alrededores ha habido cambios. Por la propia organización del trabajo, en el parque se levantaron zonas residenciales destinadas tanto a los científicos, occidentales hasta la independencia de Malasia, y jardineros locales. Destaca la villa principal destinada al administrador principal del parque, llamada Villa Aromatica, pero también se conservan casas destinadas a los científicos y casas de madera para los jardineros. Aunque las diferencias sociales estaban marcadas, trabajar de manera conjunta creó una comunidad en el parque de Selangor.
Desde sus inicios, el Parque forestal de Selangor ha tenido vocación de servir como lugar para la educación y el esparcimiento. La cercanía a la poblada capital del país, Kuala Lumpur, ha hecho que las cifras de visitantes hayan ido creciendo con el tiempo y hablemos de centenares de miles de visitantes al año. Desde la capital es sencillo llegar, aunque en transporte público solo podremos acercarnos hasta Kepong. Si venimos en coche hay que aparcar en zonas designadas para ello y pagar un extra a la entrada estándar. En el interior hay distintos itinerarios y varios focos de atención: el jardín botánico Kepong y el paseo por las copas de los árboles. El segundo multiplica el precio de la entrada y tiene cupo de visitantes, así que hay reservarlo con tiempo. Una experiencia más inmersiva aún la tenemos si contratamos con tiempo suficiente un paseo guiado por el sendero Keruing, en el interior del parque forestal. Para ello es necesario contactar con el Instituto. La mejor época para ir al parque es entre diciembre y febrero o entre mayo y julio.
Fotos: Wiki Farazi / Asmar Hassan



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