Caza en los Urales
La escritura fue una invención que cambió para siempre la humanidad, pero cuyos orígenes no son obvios. Está consensuado que las primeras muestras aparecen en Mesopotamia, pero antes podemos encontrar distintos tipos de símbolos que probablemente tuvieron algún tipo de significado. Seguramente no podamos hablar como tal de escritura, ni siquiera jeroglífica, pero la repetición de símbolos geométricos en determinados contextos es sorprendente en lugares como la cueva de Shulgan-Tash, en los montes Urales. También llamada cueva de Kapova por el constante goteo de su geomorfología kárstica, aquí encontramos numerosos trapezoides junto a motivos figurativos. Qué significan estos trapezoides que repetidamente pintaron sus autores es algo que con toda seguridad nunca lograremos desentrañar. Descubiertos en 1959, los científicos se conforman con afirmar que tenían algún tipo de función, quizá ritual, como la de identificar a determinados grupos de cazadores-recolectores que poblaron la región hace más de 16.000 años.
Estamos en el Paleolítico Superior, en la cara oeste del sur de los Urales. La última gran glaciación no ha finalizado y el clima es frío y seco, pero empieza a dar un respiro a los grupos de Sapiens que se distribuyen por Eurasia. La fauna sigue estando protagonizada por grandes mamíferos cubiertos de pelo como los mamuts o rinocerontes lanudos, objetivo de grupos de cazadores que se mueven estacionalmente según el clima y sus presas. Es un contexto muy similar al de Europa Occidental, el de otras cuevas como Altamira y Lascaux. De hecho, los científicos consideran más que plausible que por coincidencia temporal y estilística estemos ante una tradición compartida de grupos muy separados entre sí. Ya fuera por difusión cultural o por movimientos, la cueva de Shulgan-Tash se considera emparentada con aquellas. Su descubrimiento es muy posterior y se lo debemos al naturalista Alexander Ryumin, aunque las pinturas eran conocidas por las poblaciones locales antes de su llegada, que marcó el inicio de la investigación.
En medio de una zona boscosa, Shulgan-Tash es una formación kárstica a orillas del río Belaya. Se trata de un sistema de cuevas de más de tres kilómetros en dos niveles con un rico sistema hidrológico basado en el río subterráneo Shulgan-Tash, que va formando lagos y galerías subterráneas inundadas. Las condiciones estables de humedad y temperatura han favorecido la conservación de las pinturas, que se encuentran siempre en cavidades muy internas, desprovistas de luz natural. La cueva comienza en una gran cavidad en arco que alberga el llamado lago azul y da paso a una larga galería que termina en la sala de las estalagmitas. Aquí, la cueva se divide en dos brazos: por el primero llegamos a las salas de la Cúpula, Símbolos y Caos, mientras que por el segundo unos escalones nos llevan al otro nivel. En este se encuentran otras salas relevantes llenas de restos arqueológicos y espeleotemas como la sala de las Pinturas, Templo, Diamante y Arcoíris. Todos sus elementos tienen un carácter simbólico para los Bashkir, pueblo histórico de la zona.
Arqueológicamente, lo más valioso son las pinturas rupestres, datadas por radiocarbono entre 16.500 y 20.500 años atrás y elaboradas con dos tipos de pigmentos: ocre rojo y carbón negro. El primero, mucho más usado, es relevante porque su elaboración y uso emparentan Shulgan-Tash con las cuevas prehistóricas de Europa Occidental. El ocre requiere una técnica especial para su extracción y procesamiento que apunta a esa conexión. En cuanto a los temas, también hay coincidencia porque abundan representaciones de la fauna local: mamuts, rinocerontes, bisontes, caballos y un muy especial camello bactriano. Fuera de lugar, este animal ocupaba las estepas centroasiáticas, lo que sugiere movimientos de grupos en esa dirección. Además de animales tenemos figuras antropomorfas y los famosos trapezoides de Kapova. Una de las escenas más famosas combina caballos y estos trapezoides en la sala de Caos. Por los materiales encontrados parece claro que las cuevas se utilizaban de forma puntual, posiblemente como parte de rituales.
Llegar hasta Shulgan-Tash no es especialmente sencillo. El aeropuerto más cercano es el de Ufá, desde donde tenemos unas cinco horas por el flanco oeste de las montañas, donde se encuentran el Parque nacional de Baskortostán y la reserva de Nugush, muy popular entre los locales los fines de semana, sobre todo en verano. Toda esta región natural está vertebrada por el río Belaya, de gran valor ecológico y etnológico, pero con una red de carreteras y caminos con mantenimiento limitado. En cuanto a la cueva, esta es visitable, pero con varias limitaciones: hay límites de visitantes diarios, la visita es en grupo, guiada y dura una media hora y el acceso a las pinturas está completamente vetado. De forma similar a los casos de Altamira o Lascaux, la presencia humana en las salas pintadas está limitada a investigadores. Se pueden apreciar allí copias de las originales.
Fotos: S. Peshkov / O. Menkov



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