Navigation Menu
Ecosistemas costeros y marinos del archipiélago de Bijagós – Omatí Minhô

Ecosistemas costeros y marinos del archipiélago de Bijagós – Omatí Minhô

Bolama (Guinea-Bisáu)

Raíces protectoras


Los manglares constituyen uno de los ecosistemas costeros más ecológicamente funcionales. Presentes exclusivamente en zonas tropicales, sus raíces parcialmente inundadas son refugio para otras especies que buscan seguridad durante la cría, sobre todo peces. Si añadimos que los manglares asientan las zonas costeras y protegen frente al oleaje, sus funciones se completan incorporando una protección indirecta a los pueblos indígenas: colonizar una región de manglares ha sido históricamente complejo por el conocimiento de sus canales que exigen. En franca retracción durante las últimas décadas, en el mundo hay todavía amplias zonas en las que son plenos protagonistas. A escala estatal hay países en los que su peso porcentual es sobresaliente. Microestados al margen, Guinea-Bisaú es el principal. Una serie de cursos fluviales que desembocan en rías y un archipiélago formado tras el final de la última glaciación tienen la culpa. Conforman un paisaje de manglares, marismas y zonas intermareales de altísimo valor ecológico. 

Manglar en João Vieira-Poilão, parte del archipiélago Bijagós

Bijagós es un paraíso de manglares gracias a la confluencia de distintos factores que favorecen su formación. Se trata del principal archipiélago deltaico de África occidental y en él convergen corrientes marinas y desembocaduras como la del río Geba. Sumado a una dinámica de mareas intensa y el afloramiento de aguas profundas, la llegada de sedimentos es intensa y provoca que el paisaje cambie. Se forman multitud de islas de muy diferentes tamaños separadas por canales marinos y bancos de arena. Aquí son más de ochenta de diversos tamaños de las cuales están despobladas tres cuartas partes, lo que supone una excelente situación para la conservación natural. Esta se refuerza con la existencia de tres Parques Nacionales, João Vieira-Poilão, Orango y Urok, conectados entre sí por medio de canales de agua. Al norte está el grupo de Urok, separado por una zona de mayor tráfico marítimo del grupo Orango, el más extenso. Al sureste queda el tercer grupo, João Vieira-Poilão, formado por varias islas de menor tamaño.

El principal valor ecológico del archipiélago Bijagós es la fauna que protegen sus manglares y bancos de arena, formada tanto por especies fijas como otras estacionales. Entre todas destacan las tortugas marinas por variedad y cantidad. Cinco especies se encuentran en sus costas y destacan la presencia de tortuga verde en la isla de Poilão, el punto de anidamiento más denso de todo el continente africano, y la tortuga laúd por su frágil estado de conservación. Entre los mamíferos llaman la atención los hipopótamos marinos, una subpoblación que se ha adaptado a vivir en contextos intermareales. Hay también poblaciones estables de cocodrilos, manatíes, distintas especies de delfines y multitud de aves migratorias que utilizan Bijagós como estación invernal. Hablamos de cerca del millón de aves que llegan a las islas del archipiélago en sus mejores años. Se juntan a otras especies permanentes como el amenazado loro timneh.

Tortugas verdes en João Vieira-Poilão, parte del archipiélago Bijagós

Se estima que Bijagós fue poblado originalmente hace varios siglos por razones de sobrepoblación en la costa, oportunismo defensivo o una mezcla. El hecho es que se formó allí una cultura propia, el pueblo bijagó, basado en la agricultura de arroz, la pesca y el marisqueo. Fundamentales fueron las almadias, canoas típicas diseñadas para navegar entre las islas. Cuando los portugueses llegaron en el siglo XV, las islas fueron un refugio idóneo y los bijagós no solo resistieron, sino que se convirtieron en socios comerciales proveyendo de esclavos a los mercados europeos. Siempre con una gran autonomía, la independencia de 1974 tampoco tuvo un gran impacto en la vida del archipiélago, anclado en el pasado. Hoy viven unas 30.000 personas, principalmente en la isla de Bubaque, que suponen cierto estrés controlado a las áreas naturales por sus actividades extractivas. A medio plazo es más peligroso el cambio climático por el impacto en los manglares de la subida del agua.

Otra amenaza, aunque menor, es el turismo, que se mantiene en unos números modestos. La situación política de Guinea-Bisáu no invita al turismo de masas, pero el ecoturismo tiene aquí un flujo constante de visitantes. La puerta de entrada es el puerto de Bisáu, la capital, donde tendremos que buscar transporte marítimo. El ferri tiene horarios dependientes de las mareas y es más errático, así que lo mejor es contratar una lancha que nos lleve directamente a alguno de los muchos hoteles que se distribuyen entre sus islas. Bubaque es la opción más obvia, pero hay ecohoteles con mucho encanto en otras, incluidas algunas de las protegidas. También podemos optar por quedarnos en Bisáu y contratar alguna excursión desde allí, pues las lanchas son en todo caso la manera de visitar las zonas protegidas. Las actividades principales son el avistamiento de fauna, visitas culturales y la pesca artesanal. De noviembre a abril es la temporada seca, siendo especialmente interesante venir en noviembre o diciembre coincidiendo con el desove de las tortugas.

Fotos: Helio Van Ingen / Helio Van Ingen

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.