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Møns Klint

Møns Klint

Selandia (Dinamarca)

  • Author: info@viajealpatrimonio.com
  • Date Posted: 19 10, 2026
  • Category:

Costa efímera


El periodo cretácico abarca una larga etapa de cerca de ochenta millones de años que finalizó súbitamente con el impacto del asteroide que acabó con los dinosaurios. Durante esta época, el clima fue especialmente cálido. Sin casquetes polares, el mar cubrió amplias extensiones continentales que posteriormente emergerían. Es el germen de materiales sedimentarios como la creta, un subtipo de roca caliza formada por la lenta acumulación principalmente de cocólitos, algas unicelulares. La creta es un material blando muy plástico, por lo que, cuando el hielo regresó a ciertas zonas y empujó capas de este material, el terreno se replegó en formaciones verticales que podemos apreciar en regiones como la costa británica de Dover o parte de la costa danesa. Aquí la podemos apreciar en dos sabores: en estratos horizontales dispuestos de tal manera que permiten perfectamente apreciar discontinuidades como la banda de Stevns Klint, que delata el impacto del meteorito K-Pg, y en estratos verticales. Estos últimos, resultado del empuje glacial, producen bellas, pero efímeras postales de acantilados en Møns Klint. 

Vista aérea de Møns Klint

Møn es una de las islas danesas más especiales por su forma y geología. De unos treinta kilómetros de anchura y ligeramente alargada, su dentada línea costera va dibujando penínsulas y ensenadas afectadas por la acción glacial. Podemos dividirla en tres partes: la occidental, de suave relieve; la noroeste, muy plana y caracterizada por sus marismas y lagunas; y la oriental, la zona más accidentada, protagonizada por la creta. Es en esta última donde se encuentran los acantilados de Møns Klint, visibles desde hace unos 10.000 años. Igual que los glaciares modificaron el aspecto de Møn, la transformación tras esta etapa no ha parado, solo ha cambiado el actor. La que está perfilando la isla ahora es la erosión marina a base de golpear el litoral en Møns Klint. La suavidad del material favorece la erosión costera hasta el punto en que los desprendimientos de tierra son constantes a escala geológica. Periódicamente, el mar arranca secciones del litoral y abastece de fósiles cretácicos las playas de la isla. 

Estos desprendimientos dan carácter a Møns Klint y marcan su paisaje, admirado por pintores románticos como Skovgaard. Las zonas colapsadas presentan una creta de blanco intenso veteada solo por capas de sílex oscuro. Estos acantilados, que superan los cien metros de altura en Dronningestolen, son heterogéneos en grosor e irregulares en su perfil. Contrastan con pequeñas playas de guijarros oscuros y el mar en su parte inferior y el bosque verde de Klinteskoven en la cima. Es un verde diferente al de otros bosques por el mismo sustrato calcáreo. Su déficit en magnesio y otros nutrientes da un aspecto más claro y amarillento a las hayas, árboles predominantes. Al contrario que la parte occidental de la isla, en la que hay más praderas, en Møns Klint hay una densidad arbórea destacada. No hay espacio suficiente para sostener poblaciones destacables de mamíferos, pero sí es hogar de distintas aves migratorias y de halcones peregrinos que acostumbran a nidificar en los acantilados. 

Vista de los acantilados de Møns Klint desde la parte superior

Desde que el hielo se retiró, Møn ha estado ocupada por distintos pueblos como atestiguan varios túmulos funerarios. Fue una exitosa isla durante la Edad Media gracias al arenque, cuya pesca se complementaba con una agricultura de subsistencia que usaba la creta como fertilizante natural por su contenido en calcio. Sus acantilados eran referencia para los navegantes cuando llamaron la atención de Søren Abildgaard, que hizo la primera descripción geológica a finales del siglo XVIII. Después, Johnstrup comparó Møns Klint con otros acantilados del norte de Alemania y sugirió el impacto de la actividad glacial en su fisionomía. Este campo de investigación abrió la vía para estudios glaciotectónicos que han ampliado nuestro conocimiento de los procesos que han actuado y que siguen actuando por medio de los colapsos periódicos, alguno de los cuales se ha cobrado víctimas humanas. La costa lleva un siglo protegida, algo que se concretó en 1983 con la compra de terrenos por parte del estado.

La belleza de Møns Klint ha atraído visitantes desde el siglo XIX y sigue siendo clave para la economía isleña. Conectada por puentes, el coche es la mejor vía para llegar hasta el Geocenter, punto de partida principal de las excursiones. Está unas dos horas de Copenhague, siendo por tanto opcional pero recomendable alojarse en la isla, en poblaciones como Stege. Desde el Geocenter podemos bajar los casi 500 escalones para pasear por la playa, donde es posible hallar algún fósil suelto que legalmente podemos llevarnos a casa siempre que no utilicemos herramientas. De hecho, se organizan excursiones de recolecta un par de veces al día. Una opción alternativa es tomar un barco en Klintholm Havn para tomar más perspectiva del paisaje. En este pueblo tenemos también la mejor selección de arenques isleños, producto que sigue siendo la estrella en Møn.

Fotos: Bob Collowan / Fabio Corrà

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