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Monte Kumgang – Montaña diamante desde el mar

Monte Kumgang – Montaña diamante desde el mar

Kangwon (Corea del Norte)

Budismo persistente


Por su naturaleza conciliadora, el budismo es una de las religiones más resilientes. Tiende a integrar creencias ajenas, a la vez que es flexible para adaptarse a contextos adversos. Llegado el declive, el budismo permanece sin lucha aparente, pero imprimiendo su sello en lo cultural. El budismo de montaña de la península coreana penetró hace unos 1.500 años y está lejos de su mejor forma, pero perdura. Lo hace en el sur, a través de los monasterios Sansa, y también en el norte. En este lado de la frontera, la situación religiosa es más compleja. No está prohibida per se, pero no se promueve la libertad de culto y los que existen son instrumentalizados por el régimen norcoreano. Aquí, un punto de referencia es el monte Kumgang. Formado por un paisaje deslumbrante de esbeltos picos de granito de color claro,  de ahí el nombre de diamante, Kumgang ha sido celebrado por esta belleza por distintos tipos de artistas y poetas desde el momento en que los budistas levantaron aquí sus primeros templos de montaña. 

Templo Pyohun en Kumgang

Aunque sin alcanzar grandes cotas, buena parte de la península coreana es accidentada y las formaciones llegan hasta la orilla del mar, como en Kumgang. La particularidad de este macizo se encuentra en su geología. Conforma un batolito, una amplia extensión de granito, que quedó expuesto tras millones de años bajo una capa de corteza terrestre. Una vez a merced de la erosión, la hidrología ha ido perfilando Kumgang, que cuenta con numerosos picos de unos 1.500 metros y cascadas de hasta 74 metros como Kuryong. Son parte de la enorme red de arroyos que forman pozas y pequeños saltos de agua. Este perfil accidentado llega hasta el mar, donde son habituales los acantilados, pasando por sitios como la laguna Samil, a solo dos kilómetros de la costa. Esta laguna rodeada de bosque primario es lugar de referencia para las aves migratorias que atraviesan la región. Son parte de la rica biodiversidad del monte, que tiene especies endémicas y mamíferos como el amenazado gorala, un rumiante, y los osos negros. 

La belleza de Kumgang es inseparable de su historia humana, pues su atractivo ha funcionado como un imán. Como muchas otras montañas en una zona tan accidentada, Kumgang fue lugar de referencia de la espiritualidad coreana, para el cual las montañas son deidades. Desde el siglo VI, esta creencia fue asimilada por el budismo con un primer templo en el que ya se hacía una referencia a estos espíritus. Elegido como lugar de peregrinaje, cuando en el reino de Goryeo el budismo se hizo estatal, lugares como Kumgang ganaron poder y vieron crecer templos y esculturas. Esta profusión se detuvo con la dinastía neoconfuciona Joseon, pero a diferencia de otros sansa, el monte Kumgang mantuvo su relevancia cultural y funcionó como una excepción budista. Su belleza, reflejada en poemas y pinturas de paisajistas renombrados, dan fe de ello. Lo peor llegó con la partición de la península, pues este símbolo no solo quedó lejos de muchos fieles, sino que sus templos sufrieron bombardeos en la guerra de Corea. 

Ermita Podok en el monte Kumgang

Hoy solo vemos una fracción de los templos que Kumgang tuvo en el pasado y algunos como Singye son reconstrucciones del régimen moderno, que ve en Kumgang una oportunidad para lavar su imagen. El único de los cuatro grandes templos que sobrevivió es Pyohun, levantado en tiempos del reino de Silla. Objetivo de peregrinos, a su auspicio se levantó otro templo más pequeño, Jongyang, en la montaña, con un curioso pabellón hexagonal. Mucho menor en tamaño, el elemento arquitectónico más curioso en Kumgang es la ermita Podok, en frágil equilibrio sobre un precipicio y sostenida únicamente por un grueso y largo pilar. De gran valor arquitectónico y decorativo, por su reducido tamaño fue hogar de monjes ermitaños que miraban el precipicio por un agujero en su interior. Además de estelas y estupas como Sosan, en Kumgang destacan también varias tallas en la roca como Myogilsang y Sambul. La primera por su gran tamaño, quince metros de altura, y la segunda por nivel artístico. 

Las inscripciones en multitud de rocas a modo de libro de visitas son la mejor demostración de lo antiguo que es el turismo en Kumgang. Hoy, la situación es un tanto más compleja por la particularidad política del régimen norcoreano. Por su simbolismo, Kumgang fue abierto a los surcoreanos durante una época en la que llegaron aquí unos dos millones de turistas. Tras un incidente, el turismo se hundió, las infraestructuras fueron demolidas por el régimen y hace poco se cerró oficialmente. Hoy día, el único pasaporte que tiene posibilidades de visitar el sitio es el de un ciudadano ruso. Si en algún momento se reabre, el potencial desde el punto de vista de turismo cultural, religioso y de naturaleza es muy alto.

Fotos: Ryu Tok In / Uri Tours

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