Sapiens discontinuo
Nuestro planeta está cambiando constantemente, aunque los ritmos se dan a diferentes escalas. La escala temporal geológica habla en millones de años, pero si acotamos los sucesos en milenios también hay cambios significativos. Los cambios climáticos modifican nivel del mar, hidrología y consecuentemente la flora y fauna. El análisis de estos paleopaisajes se denomina geoarqueología y combina disciplinas y técnicas tales como la geomorfología, paleobotánica, arqueología clásica y otras. Como hablamos de paleopaisajes de los últimos miles de años se combinan especialistas dedicados a los procesos naturales, pero también antrópicos, esto es, modificaciones por cómo el ser humano se interrelaciona con los distintos paleopaisajes. Esta convergencia científica es la única manera de reproducir cómo era la vida en un lugar. Porque en muchas ocasiones lo que vemos hoy nos puede engañar: donde hoy vemos un desierto pudo haber un vergel de cursos fluviales y bosques hace apenas unos milenios. Así ocurre en Faya, uno de los paleopaisajes con mayor contraste frente al presente.
Estos paleopaisajes son clave para entender cómo, cuándo y por qué el ser humano se asentó o migró en diferentes lugares. Durante la expansión del Homo Sapiens más allá de África es especialmente relevante y el golfo pérsico fue paso necesario. No hubiera sido así en la actualidad, porque la ausencia de ríos permanentes es patente en la península arábiga. En lugares como jebel Faya, enclavado entre el mar arábigo y el golfo pérsico, hablamos de desierto extremo: zonas de dunas alternadas con llanuras pedregosas entre las que se alzan formaciones de caliza encabezadas por jebel Faya. Precipitaciones muy escasas, ausencia de ríos y temperaturas extremadamente altas marcan un paisaje árido en el que solo hallamos de forma dispersa algunos arbustos muy adaptados. Esta dureza contrasta totalmente con lo que un especialista en paleopaisajes puede descubrir gracias a los restos que el desierto ha conservado.
Desde hace unos 210.000 años, el paisaje de Faya ha ido oscilando entre el panorama actual y etapas mucho más propicias para flora y fauna, incluyendo el Homo Sapiens. Donde ahora vemos cursos secos como wadi Yudayyah y Baraq, en el pasado reciente hubo ríos estacionales o permanentes regados por manantiales y un clima benigno. Sin llegar a ser tropical, en Faya había praderas, matorrales y bosques dispersos. Contexto ideal para que se comportara como pasillo ecológico en el que el Homo Sapiens se asentó a temporadas en su expansión hacia el este. Este ciclo climático no fue único, sino que se ha ido dando de forma natural cada aproximadamente 20.000 años. Esta presencia del Homo Sapiens está datada en al menos 125.000 años, aunque es mucho más patente en los últimos ciclos. En estas etapas podemos apreciar cambios en la tecnología lítica y en los patrones de ocupación. Desde hace unos 10.000 años, en Faya se asientan las primeras comunidades neolíticas con un patrón de actividad claro: el pastoreo de cabras y ovejas.
Un equipo formado por científicos de la universidad alemana de Tübingen y la autoridad arqueológica local trabajan en Faya desde los años 90. Pequeñas pistas en excavaciones y análisis con técnicas avanzadas van proporcionando elementos y dataciones paleoambientales y arqueológicas. En cuanto a la participación de los Homo Sapiens, los múltiples estratos trabajados por este equipo inicial y los continuadores han extraído miles de restos de industria lítica de distintas etapas según tecnología y restos de asentamientos, actividad pastoral y herramientas neolíticas sencillas. También se han analizado paleosuelos, paleocanales de agua y depósitos lacustres que son la base de los restos biológicos que dibujan una flora diferente según la etapa: polen, fitolitos, carbones y restos de fauna muy fragmentarios, pero suficientes para identificar especies como gacelas, órix y asnos salvajes. Ambos tipos de hallazgos definen etapas con mayor y menor presencia humana. De la última presencia estable, hace unos 6.000 años, tenemos varias necrópolis con restos de artefactos decorativos.
Faya es fácilmente accesible desde Dubai, que se encuentra a poco más de una hora en transporte privado. Por el terreno que pisaremos es más que conveniente ir en 4×4 con conductor salvo que tengamos experiencia en desiertos. En paralelo a la carretera E-55 se encuentran los puntos más relevantes como jebel Faya y Buhais. También al centro arqueológico Milehah que, además de albergar artefactos hallados por los arqueólogos, organiza excursiones guiadas desde Dubai y gestiona talleres educativos de cerámica, talla lítica, etc. Buhais conforma un parque geológico con senderos señalizados, programas familiares y un centro con exposiciones inmersivas. Más allá de lo educativo, el turismo puramente lúdico también tiene mucha presencia en la zona con rutas por dunas en buggy y quad, sandboarding, parapente desde las montañas y experiencias culinarias y de espectáculos en campamentos beduinos. Hay que tratar de evitar el calor extremo, para lo cual es mejor venir en invierno.



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