Pasillos comunicantes
Sabemos que el Homo Sapiens surgió en África hace más de 200.000 años y también que durante mucho tiempo no cambiamos de continente. La expansión arranca por el Levante mediterráneo y entonces aceleramos: estas poblaciones se van desplazando hacia el este hasta llegar a Australia en unos 35.000 años. Cómo se forjó esta movilidad geográfica es algo que depende de los hallazgos paleoantropológicos y arqueológicos que encontremos. Gana la hipótesis de que la ruta principal fue costera y que inevitablemente utilizamos algún tipo de embarcación añadido a la ventaja del menor nivel del mar. Tampoco pensemos en un viaje unidireccional, sino que en paralelo las poblaciones de Sapiens iban introduciéndose por corredores del continente y ocupaban zonas ecológicamente favorables. Un ejemplo es el valle kárstico iraní de Khorramabad. Hoy es excepcionalmente árido, pero no era así cuando los primeros Sapiens llegaron aquí. Era tal vergel que coincidieron con otros homininos y dejaron registro durante decenas de miles de años.
El corredor del que hablamos se abre entre las montañas Zagros y permitió a distintas poblaciones ir hacia rutas camino de Mesopotamia desde la costa. Esta vía no solo se utilizó en esa dirección, sino que también llegaron grupos de homininos por ella como los Neandertales. Iniciada hace 63.000 años, la primera fase de Khorramabad se denomina musteriense y nos remite a ellos. Los artefactos hallados se realizaron con técnicas atribuidas a Neandertales y si le sumamos la presencia de restos óseos compatibles en otros lugares de las montañas Zagros, parece claro que ellos protagonizaron esta fase inicial. En esta primera etapa no vemos restos de Sapiens, que llegaron a la zona hace como mucho 45.000 años. Es la segunda fase, denominada baradostiense, marcada por unas herramientas diferentes e identificadas en la estratigrafía de Khorramabad por estar en las capas superiores. Tampoco es blanco y negro y se maneja la hipótesis de que, pese a que hubo un reemplazo de especies, pudiera haber habido convivencia e hibridación entre ambos periodos.
Esta segunda fase tiene su correlato europeo con las técnicas líticas auriñacienses y finaliza hace unos 20.000 años. Entramos en el Epipaleolítico de las montañas Zagros con una cultura más especializada y adaptada al contexto. Se la denomina Zarzian y engancha finalmente con las primeras culturas neolíticas que se van instalando tras la última gran Glaciación. La creciente aridez favorece la conservación de capas que reproducen esta larga secuencia temporal. Las cuevas de Khorramabad eran conocidas por pastores locales que llamaron la atención de los primeros científicos locales en los años 50 del siglo pasado. Al advertirse una secuencia completa y posibilidades de datación por radiocarbono se iniciaron campañas más completas encabezadas desde 2013 por el científico Behrouz Bazgir. Con la participación también de equipos europeos, Bazgir ha ido desentrañando la historia de las cuevas y abrigos de la zona. No obstante, el trabajo sigue en marcha y aún queda mucho por hacer, sobre todo en la localización e identificación de restos óseos.
Los sitos prehistóricos del valle están encabezados por cinco cuevas y un abrigo rocoso, aunque los niveles de investigación marcan su relevancia. A la cabeza se encuentran las cuevas de Kaldar, Ghamari y Yafteh. La primera fue la primera en ser excavada y señalar el solapamiento y transición de poblaciones de Neandertales y Sapiens. Ghamari y Yafteh, por su parte, han aumentado nuestro conocimiento de las poblaciones locales por la cantidad de artefactos hallados como pigmentos, ornamentos y objetos decorativos. Además, Ghamari confirmó la conexión comercial costera de los Sapiens al hallarse abalorios con conchas. Las otras cuatro cuevas han completado la estratigrafía del valle de Khorramabad, pues tienen secuencias temporales más reducidas, pero que conjuntamente aportan información clave como las adaptaciones específicas, registros de fauna local, clima, etc. Los principales artefactos son miles de herramientas líticas como núcleos, lascas, puntas y hojas retocadas según distintas técnicas.
Khorramabad es una ciudad mediana de unos 400.000 habitantes que no suele estar en las rutas turísticas más habituales. Si vamos desde Teherán hacia el suroeste, no obstante, está en la ruta natural. También tiene aeropuerto, aunque es más habitual llegar por carretera. La ciudad en sí tiene sus atractivos, especialmente en Falak-ol-Aflak, una fortaleza de origen sasánida, símbolo de la ciudad y museo de referencia. Hay otro resto sasánida relevante, los restos del puente Shapouri. En cuanto a las cuevas prehistóricas, Kaldar y Yafteh se pueden visitar por libre, mientras que el resto exigen pedir permisos y visita con guía. En todo caso, lo realmente relevante de ellas está conservado en dos museos: en Khorramabad el museo de Lorestán, al que se añade el Museo Nacional de Irán en Teherán. Dentro de la cultura de la región destacan su música tradicional y guisos montañeros. Al estar entre las montañas Zagros no es aconsejable venir en invierno.
Fotos: Kermanshahi1398 / Mohammadreza Mahmoodi

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