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Villa Adriana (Tívoli)

Villa Adriana (Tívoli)

Lacio (Italia)

  • Author: info@viajealpatrimonio.com
  • Date Posted: 10 04, 2020
  • Category:

Lejos del ruido romano


Entre los emperadores romanos era habitual tener residencias secundarias fuera de la capital para descansar de los quehaceres y decisiones diarias. Como cada emperador tenía sus propias preferencias, era también habitual que construyeran una nueva o modificaran sustancialmente la del predecesor. Dependiendo de los gustos y el momento económico, estas villas eran más o menos autosuficientes. La ciudad de Tívoli fue sede habitual, pues conjuga su bello paisaje natural con la cercanía a Roma, a unos treinta kilómetros. Se dice que el emperador Adriano no era un amante de la capital y que el Palatinado no era de su agrado, por lo que se esmeró en construir la villa ideal. Fusionando elementos del que en ese siglo II era ya un heterogéneo y vasto imperio, Adriano levantó su Villa Adriana en Tívoli. La unión de elementos egipcios, griegos y romanos hace de la villa un catálogo que se hizo imprescindible entre los estudiosos de la cultura clásica y los arquitectos renacentistas.

Canopus de Villa Adriana

Tiburtus, luego Tívoli, se localiza en una zona de cascadas naturales del río Aniene, afluente del que atraviesa Roma, el Tíber. Estamos ante uno de los asentamientos más antiguos de Italia, con registro arqueológico desde el siglo XIII a.C. Nació originalmente como colonia de la cercana Alba Longa, que luego rivalizara con Roma. También tuvo su momento etrusco, es más, aquí se localizó la Albunea etrusca, una especie de Oráculo de Delfos. Toda la zona de Tívoli está cargada de mitología, desde su fundación hasta los bosques circundantes en los que moraba el dios Fauno. Más terrenalmente, Tívoli fue utilizada por los romanos para cruzar los Apeninos una vez la conquistaron en el 338 a.C. Tras adquirir plena ciudadanía romana, Tívoli empezó a ganar fama como ciudad de villas. Fue clave Augusto, de quien se dijo se citó con la Albunea para tomar decisiones que cambiaron el destino de Roma. Objeto también de poemas, Adriano apuntaló su fama.

Publius Aelius hadrianus, de origen hispano, ascendió al poder en el 117. Fue un cosmopolita viajero al que se recuerda por su muro en Gran Bretaña y el Panteón de Agripa, pero su territorio preferido fue Grecia. Amante de las artes y profundo humanista, en Tívoli quiso plasmar sus inquietudes construyendo un paisaje cultural completo. Adriano eligió esta zona posiblemente por sus conexiones hispanas y partió de una villa previa. La nueva quedó acabada en una primera fase en 125. Poco después se convirtió en la práctica su residencia oficial, desde la que se carteaba con sus ministros en Roma. Tras la muerte de Adriano en el 138, la villa fue utilizada con menos intensidad por sus sucesores. La caída del imperio inició un periodo de abandono y expolio. Ninguno como el de Hipólito II de Este, que en el siglo XVI esquilmó la villa Adriana para su Villa de Este, en la misma Tívoli. Con el tiempo llegaron los arqueólogos, que desenterraron algunas de las principales estatuas y mosaicos que adornan museos como el British o Louvre.

Teatro Marítimo de Villa Adriana

El kilómetro cuadrado de Villa Adriana fue concebido como una ciudad ideal a pequeña escala. En ella se acumulan treinta monumentos sobre un fondo natural en el que el agua juega un papel fundamental. Materiales de todo el imperio, con el travertino y ladrillo dominando, fueron utilizados. Este carácter cosmopolita domina Villa Adriana, en la que la influencia griega es palpable en el recurrente uso del orden jónico. Un ejemplo es el original teatro marítimo, un complejo de baños circular con una isla artificial con una villa en medio de un estanque. Cerca están el palacio principal y las denominadas bibliotecas. Otros estanques reseñables son el canopus, flanqueado por columnas y estatuas, y el enorme pecile, rodeado por un peristilo y enormes paredes que garantizaban la intimidad. El pecile, como la torre Roccabruna, están inspirados en edificios griegos. Más romanos son el canopus y el serapeum, una cueva artificial abovedada. Por debajo de toda la Villa se ha descubierto una enorme red de túneles dedicada al movimiento del personal de servicio.

Tívoli es una excursión fundamental desde Roma que en un día muy intenso se puede combinar con la visita a Villa de Este, el representante renacentista. Si aspiramos a ver la tercera villa, la Gregoriana del siglo XIX, apretaremos demasiado la excursión. Se puede llegar a Tívoli fácilmente en tren o autobús. Hay una línea que parte de la estación Ponte Mammolo y tiene una parada justo a la entrada de la Villa Adriana media hora después. Las ruinas nos llevarán unas tres horas en las que andaremos bastante, por lo que es mejor evitar los días calurosos. Es buena idea contratar un guía o como mínimo llevar la audioguía. Las distintas obras de Villa Adriana están repartidas por el mundo, pero cerca, en los museos Capitolinos de Roma, tenemos varias.

Fotos: aurelio candido / Giampaolo Macorig

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